Aquí tenéis mis obras expuestas y el texto que Andrés Leal ha escrito para la ocasión. Espero que sea el principio de una gran aventura.
CirculArt.
Prometeo era a quien se veneraba en silencio. Encadenado a una roca. Y al salir el sol. Las aves carroñeras picoteaban sus ojos. Hundían el pico en sus tripas. Arrancaban hígado testículos páncreas. Pero al llegar la noche. Los dioses. Restituían la carne. El cuerpo de Prometeo volvía a su forma original. Y al salir el próximo sol. Las aves carroñeras. Hundían de nuevo sus picos en el cuerpo de Prometeo.
Prometeo entregó el fuego a la humanidad. Y fue castigado por los dioses. Yo creo que Prometeo no podía evitar su acción y que sus gritos desgarrados de cada mañana cuando el buitre pardo abría su piel no aseguraban que hubiera podido hacer otra cosa que entregar el fuego.
Prometeo errabundo tropieza cada tantos baldosines de nuestras calles. Vestido de padre de familia. De profesora de historia. De funcionario. De empresaria. Incapaz de evitar entregar el fuego. Incapaz de maldecir su acto.
CirculArt. No es pertinente ahorrar gratitud. Conocemos de sobra la CAMV. Reconocemos su labor. Su aportación al deporte. Socias. Socios. Tiempo libre. Diversión. Actividades deportivas. La CAMV no tiene otra obligación. De modo que. Sus puertas se abren al arte. No es pertinente ahorrar gratitud.
La CAMV se abre a paseadores de patos pastoras de cometas coleccionistas de luces malabaristas de formas. Donde no había nada ahora surge un espacio. Sin que incomoden los recuerdos de otros las historias de otras. Una sala que recibe alguna decena de voces que son manos , pinceles, colores, formas.
Una voz susurra la luz que antes empujaba por esos balcones que asomaban al desaparecido parterre. Pero otras voces reclaman sueños. Vidas de transeúntes que dejan tanta vida como la que se llevan.
CirculArt invade un útero que desea ser invadido. Penetra en un cuerpo que se abre a sí mismo como se abre al mundo. Un útero que recibe hoy una primera tanda del conjunto de artistas de parto local –de uno u otro modo– que excepcionalmente podemos ver en el hogar materno.
Las nubes se cierran. El frío acecha en los portales. Pero hay luz y color. Amor. Y estas vísceras que ahora se exhiben en esta exposición todavía aúllan una belleza que no podemos dejar escapar.
La CAMV abre sus puertas a esta exposición plástica para que ustedes puedan frotar esa parte de sus almas con la obra de estas almas encadenas por entregar el fuego.
Andrés Leal













































































































